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Columna semanal OBSERBC- Valor social de la empresa

Vale más hacer la cosa más insignificante del mundo, que estar media hora sin hacer nada.

 

Por: José Luis Huape Rodríguez

 

A las 4:00 horas despertó y se puso de pie rápido en un impulso reflejo. Tenía que entablar comunicación con un financiero prospecto acreditante ubicado en el otro extremo del mundo. Sabía que a esa hora podía empatar con el horario hábil de aquella persona.

Se colocó frente a su computadora, la activó, repasó los estados de situación financiera y flujo de efectivo de la empresa; estaba decidido a tomar un compromiso que significaba la oportunidad de ampliar la planta productiva, pero también significaba el riesgo de perder todo el capital que había formado al paso de años, de largos y extenuantes días y noches de trabajo y estrés.

Para entonces había analizado las opciones de crédito nacional, escasas, caras y en condiciones desventajosas, que de tomarlas estaría fuera de competencia y a un pie de la quiebra técnica. Se rascó la cabeza. En esos momentos en que la soledad es la mejor aconseja, exclamó: ¡Va para adelante!

El empresario entabló comunicación con el hombre de la firma financiera que estaba dispuesto y presto a brindar el apoyo económico. Llegó el momento de hablar de las garantías del crédito.

El financiero se empapó de los datos duros de administración y operación de la empresa y para sorpresa de nuestro personaje no le pidió que avalara en lo personal el crédito, no le pidió que respaldara con su patrimonio personal la deuda de la empresa. El empresario ahora volteó la mirada a lo que es su empresa,

¡claro que sabía lo que tenía en sus manos!, pero volteó para poner en práctica el plan de desarrollo.

Las directrices generales que trazó fueron: Productividad, calidad, ventas, recuperación, humanismo; en concreto, valor social de la empresa. Sabía que la empresa no es cosa de un patrimonio privado que se incrementa sobre todo y contra todo. Más bien tenía la conciencia plena de que la empresa incide en la vida económica de la comunidad, de la región y del país, pues contribuye a la generación de Producto Interno Bruto, creación de fuentes de trabajo decentes, desarrollo económico, pago de impuestos y desde luego reditúa utilidades, etc.

La empresa no se debe satanizar, ni santificar, no va por ahí el diálogo. Mal haríamos en ver a la empresa con una visión reduccionista de pobres y ricos; ese discurso solo enfrenta y no abona a la comprensión del rol que juegan todos los actores que hacen posible la viabilidad de la empresa.

Para el desarrollo de la sociedad necesitamos fuentes que generen bienestar; necesitamos empresas que generen satisfactores de bienes y servicios, que contribuyan al gasto público mediante el pago de contribuciones.

Sugiero abandonar el discurso trillado y enconoso contra la empresa e incursionar en una aventura de conocimiento, comprensión y respeto a todos los que contribuyen a que una empresa progrese de la mano con su comunidad: Clientela, proveedores, trabajadores, inversionistas y desde luego empresarios.

La empresa es la combinación de los elementos capital, trabajo, consumo y dignidad humana. Seamos promotores de la cultura de armonización y respeto a todos los actores sociales y económicos que se relacionan en BC.

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