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Columna semanal OBSERBC- Dilemas trájicos

José Luis Huape Rodríguez

 

En la mente de Juan Rodríguez Pérez resonaba una frase que había escuchado en boca de gobernantes y personas interesadas en mantener el statu quo. Cada vez que surgía un conflicto entre miembros de la sociedad o entre gobernantes y ciudadanos, las acciones de lucha social eran atacadas, reprimidas por la fuerza y después deslegitimadas con la frase: “El gobierno debe garantizar el Estado de Derecho y no debe permitir que se violen derechos de terceros”.

El personaje de nuestra historia con sentido común se preguntó: Si en los conflictos hay “terceros”, ¿debe haber antes “primeros” y “segundos”? ¿Quiénes son los primeros y los segundos? ¿Los derechos de los primeros y segundos tienen algún valor? o ¿sólo valen los derechos de terceros?

En la memoria de Rodríguez estaba fresco el conflicto suscitado entre un grupo de limpiavidrios de automóviles y la autoridad municipal.

En aquellos días el cabildo municipal había emitido una reforma al Reglamento de Tránsito que prohibía y sancionaba la actividad de los limpiavidrios porque dificultaban el derecho de terceros a transitar libremente  por las calles y avenidas de la ciudad. Los limpiavidrios apoyados por simpatizantes realizaron marchas y protestas -contra la prohibición- por vialidades de mayor afluencia vehicular e hicieron plantones en espacios públicos, provocando incomodidades.

Las autoridades disciplinarias curiosamente se coordinaron como nunca para combatir las acciones de resistencia civil; con macana y tolete en mano sometieron a los insurrectos, encarcelando al líder del movimiento como escarmiento a los inconformes.

Rodríguez Pérez compartió esta reflexión con su hija Sarita: Creo que los conflictos sociales se agravan porque se omite solucionar el origen de los mismos y se opta por castigar las consecuencias. Rodríguez  dice: Opino  que  las leyes,  reglamentos y decretos en muchas ocasiones en vez de aportar solución a los conflictos, son parte del conflicto que pretenden resolver.

¿Por qué antes de prohibir la actividad de los limpiavidrios, se pone en marcha un programa de reinserción laboral para los limpiavidrios propias de sus habilidades en empresas públicas y privadas que garantice un nivel de vida mejor del que disfrutaban?


¿Acaso no es más reprochable reformar el reglamento para colocar de un plumazo a los limpiavidrios como infractores de la ley?

Entonces en ese conflicto los “primeros” son las autoridades, los “segundos” los limpiavidrios y los “terceros” las personas indeterminadas de una comunidad.

Pregunta Rodríguez a su hija Sarita: ¿Por qué la autoridad y los autores  del statu quo otorgan mayor valor al derecho de terceros, si los agraviados de origen fueron los “segundos”, es decir, los limpiavidrios a quienes se les privó de su modo de vida?

Contesta Sarita: Si aceptamos que los limpiavidrios deben subordinar o someter su derecho al de terceros, entonces aceptamos que los limpiavidrios  -como minoría- no tiene derechos en verdad porque en el momento en que pugna con los derechos de terceros –mayoría- aquellos desaparecen.

Esa charla concluye con una afirmación incontestable de Rodríguez Pérez: Si queremos vivir en una sociedad más justa, los primeros deben respetar antes que los derechos de terceros los derechos de los segundos, o sea, en nuestra  historia  el de los limpiavidrios; deben buscar la armonía.

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