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Columna semanal OBSERBC- Las nuevas reglas del juego

Limitar la libertad de expresión “sólo un poquito” es algo que está en línea con el clásico ejemplo de “un poquito embarazada”.

 

Por: José Luis Huape Rodríguez

Desconcertados ante un escenario nunca visto en B.C., los gobiernos estatal y municipal de Mexicali hicieron acopio de los viejos consejos no escritos que la clase política tradicional ha transmitido de generación a generación para disolver sin resolver las demandas ciudadanas.

 

Esas lecciones sólo contienen fórmulas para lidiar con estructuras clientelares y corporativas que no se ajustan a la forma, ni a la sustancia del movimiento ciudadano hoy conocido como “Mexicali Resiste”. Pronto se dieron cuenta de la obsolescencia de las fórmulas.

 

Partidos políticos, grupos de interés y por supuesto el gobierno, no se dieron por vencidos y volvieron al ataque lanzando la campaña mediática de la “contaminación” del movimiento por militantes de partidos políticos de izquierda, porque hasta eso los señalamientos no fueron puntuales.

 

La reacción esperada era la división y desbandada de ciudadanos por temor a ser contaminados por ese componente radioactivo anunciado desde las esferas de poder político y económico.

 

Nuevamente fracasó el intento de disolución social. Los ciudadanos se voltearon a ver entre sí y se dieron cuenta que quien estaba a un lado era un ciudadano como él. Unos compartían su ideología y militancia partidista; otros con distinta doctrina  y filiación política, como es un una sociedad plural. No encontraron en ello motivo para repeler al movimiento.

 

El desconcierto no sólo fue del gobierno, también de la ciudadanía que no sabía cómo y a través de quién entablar la interlocución. El nuevo orden de cosas exigía una manera de representación espontánea y un nuevo lenguaje para el diálogo. Así surgen los voceros como nuncios tácitos de la ciudadanía y el lenguaje estaba a flor de piel era el lenguaje ciudadano.

 

El choque fuerte entre las formas gubernamentales y el discurso amorfo -ello explicable- ciudadano se puede resumir de la manera siguiente. Mientras el gobierno estaba acostumbrado a la máxima: “Nosotros hacemos y tomamos las decisiones y los ciudadanos apoyan, opinan y auxilian; el día del quiebre los ciudadanos respondieron: ‘Nosotros somos proponentes, tomadores de decisión, individuos con capacidad de convocatoria y de representación, con legitimación para asumir compromisos ante la comunidad, los poseedores originarios de la soberanía nacional y detentadores del poder público”.


En estos tiempos tratar de entender y juzgar la acción ciudadana bajo viejos conceptos, consignas, sofismas y parámetros de lo que está bien o mal, de lo que es bueno o malo es sencillamente un error garrafal. Antes como antes y ahora como ahora.

 

Que los voceros de “Mexicali Resiste” no representan a nadie, pues entonces que digan esos detractores porqué la ciudadanía no los ha removido de esa representación tácita.

 

Que las acciones del movimiento incomodan a terceros, pues las malas decisiones de gobierno no sólo incomodan a terceros, sino que lesionan la “vida toda” de los ciudadanos del Estado, conste que me refiero a las decisiones tomadas por muchos gobiernos de todos los partidos políticos, pues se trata de una estela de abusos de larga data.

 

Que las acciones ciudadanas se apartan de los reglamentos, normas, acuerdos, decretos vigentes, es una obviedad porque lo que estamos experimentando es un movimiento que está rompiendo con las ataduras de la institucionalidad gubernamental que fue construida para que las cosas de interés público se sucedan como hasta ahora.

 

Las instituciones funcionan bajo un esquema de “permisibilidad impune” que autoriza las acciones más aberrantes y lesivas bajo un régimen legal injusto para la sociedad.

 

“Mexicali Resiste” a riesgo de no interpretar exactamente el centro de sus demandas quiere: Nuevas reglas de convivencia social entre gobierno y ciudadanía; ejercicio de gobierno que obedezca al bien común y no a intereses particulares; anulación de actos contrarios al interés público, todo ello bajo el mirador de la razón, transparencia, rendición de cuentas y tamiz anticorrupción.

 

P.D. Todos queremos vivir en armonía, no bajo hegemonía.

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