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Columna semanal OBSERBC- Huelga de hambre y el inexistente derecho a la muerte

La vida está en la cúspide de los valores humanos.

 

Por: José Luis Huape Rodríguez

 

La memoria escrita de la humanidad revela casos emblemáticos de grupos o individuos que han ofrendado la vida en luchas sociales o en acciones de presión para alcanzar ideales u objetivos prácticos que de otra manera, creen, no podrán lograr. Consideran que es el último recurso para encontrar solución a posiciones encontradas frente a quienes piensan y actúan diferente a ellos.

Los mexicalenses estamos consternados por la decisión que tomaron dos personas, dos seres humanos valiosos al emprender huelga de hambre como método de lucha social en el asunto públicamente conocido que tuvo su origen al sur de la ciudad.

Estas líneas pretenden exponer un punto de vista sobre si en México y en B.C. hay un “derecho humano a la muerte”. Para ello es conveniente hacer una remembranza de un hecho relativamente reciente que despertó polémica y costó la vida de personas en la madre patria.

En España a fines de 1989 varios presos de los Grupos Antifascistas Primero de Octubre (GRAPO) se declararon en huelga de hambre como medida para conseguir mejoras en la situación carcelaria en la que se encontraban. Esto ocasionó una serie de opiniones y distintos puntos de vista.

Las alternativas que dividieron a la sociedad española fueron las siguientes: Si se debió alimentar a la fuerza a los reos o verlos morir pasivamente. Diversos jueces de vigilancia penitenciaria tuvieron que resolver o dar su opinión legal sobre el tema en discordia, también hizo lo propio la Corte Constitucional Española.

Hubo soluciones en pro y en contra de alimentar a los reclusos sin o contra su voluntad. Las resoluciones judiciales salvaron vidas con decisiones que privilegiaron ese valor supremo, pero no corrieron con la misma suerte Juan José Crespo Galende y José Manuel Sevillano, los únicos reclusos fallecidos por huelga de hambre en ese lamentable evento.

El primero falleció en la ciudad sanitaria La Paz, de Madrid, de una insuficiencia respiratoria y una hemorragia generalizada después de permanecer en huelga de hambre durante un lapso prolongado. Protestaba por la dureza del régimen penitenciario del penal de máxima seguridad de Herrera de la Mancha (Ciudad Real), donde estaba recluido. Crespo había rechazado el alimento; debido a su precario estado de salud se le alimentó con suero, pero no fue suficiente para que superase una bronconeumonía producto de la inanición. Tenía 28 años (Fuente: El País 25 de enero de 2007).


En México la vida humana tiene un contenido de protección positiva que impide interpretarlo en sentido contrario o inverso, es decir, no se puede considerar como un derecho de libertad que incluya el derecho a la propia muerte.

En consecuencia, no es posible admitir que la Constitución mexicana reconozca en sus artículos 1 y 4 el derecho a la propia muerte, tampoco los tratados internacionales de los que México es parte reconocen ese contraderecho; incluso, de manera clara el artículo 7 de la Constitución de BC protege el derecho a la vida. Por ello se sostiene que en México y en B.C. carece de apoyo constitucional la pretensión de que la asistencia médica forzosa y los actos de preservación de la vida es contraria al derecho a morir, pues ese derecho es inexistente.

El Estado mexicano debe hacer cuanto esté a su alcance para asegurar y garantizar la salud y vida de toda persona, sean huelguistas o no, sin y aun en contra de su voluntad, porque la autonomía de voluntad personal de hacer o no hacer algo, debe ceder ante el derecho-deber del Estado de preservar esos bienes valiosos de la humanidad.

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